miércoles, 15 de diciembre de 2010

Por segunda vez III

     Miedo, tengo mucho mucho de ese sentimiento guardado dentro de mí en este momento. No puedo siquiera asimilar que me encuentro en esta situación. Jamás en mi vida consideré siquiera repetir de curso. Pero hoy esto se acerca como una realidad probable y amenazante. Tengo mil excusas para “justificarme” como que se divorciaron mis padres, me separaron de mi hermano, se murió mi abuela paterna, perdí al hombre que más he querido en esta vida, me alejé de mis mejores amigas, me han ofendido, herido, y decepcionado mucho este año, mi abuela materna la internaron de urgencia en el hospital. Pero ninguna es suficiente para justificarme ante mí misma.
     Soy terca pero no tonta. Puedo ver y tengo claro, todo el lado ‘bueno’ del asunto; subir mi promedio, mi NEM, madurar lo que no he madurado, aprender de verdad la materia. Y todo aquello que los repitentes reiteran una y otra vez para consolarse a sí mismos. Pero todo eso junto, no le hace peso en la balanza al sentimiento de vergüenza y decepción. Vergüenza de mí misma de lo que soy y lo que no alcancé a ser, porque si no tengo buenas notas es por floja, despreocupada, y carente de fuerza de voluntad, todo depende de mí pero me cuesta controlarlo de todas formas. Y aquella decepción que generaré en mi familia, y con familia me refiero a mi padre. La cara que pondrá cuando sepa que (si es que sucede) repito de curso. Él, que tiene un hijo egresado de la carrera de Kinesiología con el mejor promedio de toda la generación y un diploma al mejor compañero, una mezcla perfecta, y el otro hijo, estudiando Medicina en la ciudad y universidad que quiere. Sé que es malo compararse con los demás pero yo los llamo modelos a seguir, una especie de musas. Una amiga me dijo que no llegaría a ningún lado si me preocupaba de lo que los demás pensaran de mi “error” porque cuando me halle tirada en el suelo, aunque quieran, no podrán recogerme, que soy sólo yo y mi opinión sobre mí misma lo que importa. Pero ¿cómo puedo ser tan egoísta? Es decir, sí estoy consciente de lo que quiero y de lo que pienso de mí al reprobar, porque es sobre todo lo que destaca, mis sentimientos sobre mí misma. Pero pase lo que pase, nunca me hundiré sola. A mi familia y amigos no les dará lo mismo, se limitarán al hablar de ciertos temas frente a mí. Sé que la vida sigue, que el mundo no se acaba aquí, sé que puedo subir mis notas, pero no me siento preparada para afrontar otro golpe de la vida, menos uno así.
     Es un año... 365 días, 12 meses de retraso. ¡UN AÑO ES DEMASIADO TIEMPO! Nunca me imaginé graduándome un año después, viendo materia un año después, dando la PSU un año después, estando con compañeros un año menores, entrando a la Universidad un año más tarde. Diciéndole a mis tíos y primos que sí, que yo estaba el año pasado en III° medio, pero que éste año igual. Sonriendo incómodamente cuando me pregunten por qué pasó, porque la respuesta es demasiado larga e íntima.
     Y no voy a prometerle a las estrellas y al cielo que si me ayudan a pasar de curso yo voy a estudiar más, ser mejor estudiante, disciplinada, responsable, porque no quiero seguir sumando derrotas a mi lista, o quizás sí lo haga. Ni siquiera saber que tuve consecutivos bloqueos emocionales pueden consolarme de que no fue tanto mi culpa sino de la situación en la que fui puesta.



sábado, 13 de noviembre de 2010

Paulina

     Entramos a la clase y estaban ocupados casi todos los asientos así que me senté detrás de ella, en la parte trasera de la sala. El profesor salió del aula a buscar unos papeles y se demoró toda la clase, es decir, jamás volvió hasta que salimos a descanso y llegó a despedirse pidiendo fingidas disculpas. Yo no había hablado con ella muchas veces a pesar de que vamos en el mismo curso desde hace ocho meses. Se dio vuelta y comenzamos a hablar tímidamente. Ella me enseñaba a hacer unos ejercicios de Trigonometría y siempre he sido de cabeza dura asique tuvo que repetirme varias veces y con mucha paciencia cada paso. Yo trataba de bromear pero ella me detenía y me decía que me concentrara o perdería el hilo. Me sentí un tanto ofendida al principio pero luego comprendí que buscaba ayudarme. Luego de ya entendidos los ejercicios me sentí libre de bromear tranquila mientras los realizaba, y ella se reía a carcajadas, tímidas, pero carcajadas al fin y al cabo. De repente se me cae el estuche y Paulina lo recoge diciendo:

-Se te caen mucho las cosas, eres despistada.

-¿Enserio? Pero si me acaba de caer, es porque lo empujé con el codo- respondí 
desconcertada.

Y ella me hace notar que durante el transcurso de la clase se me habían caído: 2 veces el estuche, 3 veces el lapicero y una vez la calculadora. Ni siquiera me había dado cuenta y eso que yo misma los había recogido del piso. No recuerdo la última vez que hablé con alguien que notara un detalle pequeño como aquel, siempre soy yo. Me sorprendió su capacidad de observación y que estuviera concentrada en la conversación que teníamos. Luego de pasados casi todos los minutos de la clase y muchas risas y palabras después, se produce un silencio que duró alrededor de 30 segundos y ella murmulla:

-Me caes bien- acompañado de una amplia sonrisa, pero sin mostrar los dientes.

     Lo dijo mirándome a los ojos y se veía a través de ellos una enorme sinceridad. Me sentí completamente halagada por lo que dijo y cómo lo dijo y le respondí que ella también me caía muy bien y aunque intenté, sé que mis ojos no pudieron imitar la sinceridad tan verdadera que ella me había mostrado, pero lo dije enserio. Fue una agradable conversación, pero no creo que se repita.



martes, 9 de noviembre de 2010

Pequeño Ruiseñor (p)


  • Yo quisiera ser aquella estela
  • Que inicia tu primavera
  • Yo puedo ser aquel ruiseñor
  • Qué te despierta del sueño y el dolor
  • Sería lindo transformarme
  • En todo lo que de ti forma parte
  • Estar contigo cada vez
  • Que necesitas a alguien y a nadie ves
  • Mi felicidad está en la tuya
  • Y tu tristeza es mi furia
  • Me convierto más tuya cada minuto
  • Y no desconfío de tu amor en lo absoluto
  • Nunca me dejes marchar
  • Pues a tu lado está mi bienestar
  • No apartes tu vista de aquí
  • Pues sin tus ojos ¿qué sería de mí?
  • No acabes de fabricarme tu amor
  • Tus besos son morfina y alivian mi dolor
  • Tus abrazos llenan de sol mi ser
  • Y ellos mismos me salvaron de un oscuro atardecer
  • En el crepúsculo del día tu recuerdo
  • Invade cada átomo, y no concuerdo
  • Con qué quieras abandonar todo por un error
  • Sabes qué caer con una piedra no te hace inferior
  • Confío en que tú volverás
  • Como en primavera las hojas
  • Sé qué no me fallarás
  • Aunque te sobren las copas.

    Nao ELgueta*



miércoles, 3 de noviembre de 2010

Mentir

    Mentir no siempre daña, no siempre tanto. A pesar del dicho "Se pilla antes a un mentiroso que a un ladrón", no siempre te van a pillar las mentiras. Las mentiras son mentiras por más pequeñas y "beneficiosas" que sean. Las mentiras son mentiras aún cuando se mienta con buenas intenciones o buenos finales. Mentir puede ayudar a otros mientras te destruye a ti mismo. Mentir está mal de todas formas, a pesar de las vueltas que quiera darle.   
     Y en este instante me siento mal porque te he mentido. Una mentira pequeña, inofensiva, quizás nunca la descubras (y es lo que más espero porque si me descubres y te enojas, mi mundo se caería... más), sin embargo, me hace sentir mal. Pero más mal me hace que me la creas y digas que confías en mí y en lo que yo diga. Tanto me ha costado ganarme aquella confianza y tanto he trabajado para ganarla, y para ganarte a ti, y pasé a llevar todo eso sin pensarlo dos veces. Espero que si un día te das cuenta de esta pequeña e inofensiva mentira, sea demasiado tarde para separarte de mí (con tanta facilidad).



miércoles, 20 de octubre de 2010

Después de tu carta




     Hoy me has entregado una carta, mejor dicho, ha terminado en mis manos porque no me la diste en persona. Es una de disculpas, creo. La vi y la primera persona que se me vino a la mente fuiste tú, no porque haya visto tu letra que reconozco porque es casi inelegible sino porque deseé con toda mi alma que lo fuera. Leo una oración y me debo detener a llorar, porque no puedo continuar leyendo con la mirada tan vidriosa, para luego poder continuar ¡Las disculpas se piden en persona! Esto me sabe a mentira, me hace sentir muy mal. Dice "debes tener presente esto: te aprecio". Y no entiendo por qué hay gente que dice esas cosas por cartas o cuando ya no hay vuelta atrás. La tinta está corrida en la línea n°21,23y 25. Espero que hayan sido tus lágrimas. El tiempo no es relativo siempre, ahora me doy cuenta. No puedo respirar bien, me estoy mareando ¡Que extraño es este llanto! Lloro fuerte pero en silencio, me he encerrado en la habitación, no quiero que nadie me vea o escuche en este estado. Ésta no es una película ni un cuento de hadas. No correré a tus brazos y perdonaré lo que hiciste y lo que no. Es la vida real y es tiempo de que te des cuenta de que no soy ella, como yo ya lo he notado ¡No actuaré al estilo princesa! ¡NO SOY ELLA! No me enojaré por tonteras y te haré ir detrás de mí para luego ir hacia ti y solucionar todo con una mirada. Por favor, no intentes que actúe como ella para solucionar las cosas tan rápido como hacías con ella. Y sí, quizás ahora recién sabes esto que también pienso y en verdad creo que es lo que más me duele. Pero prefiero decírtelo en persona para que veas en mis ojos la seriedad del asunto, para que veas reflejadas en mis lágrimas la cobardía de tu indecisión y en mi desconsuelo, la verdad.

     No estoy cerrando el capítulo de una etapa de mi vida, sólo estoy dando vuelta la página para seguir adelante ¿Llenarme de superficialidad podrá tapar lo profundo de mi alma? ¡MÍRAME VIDA! Mira el pasado y el presente. Observa lo que tus "obstáculos para aprender" han hecho de mí.

domingo, 17 de octubre de 2010

Nuevo Blog

 Estuve pensando que no creo que se deban mezclar mis pensamientos respecto a mi vida y lo que siento y pienso sobre lo que me sucede, con mi pasatiempo favorito; escribir. Es por eso que decidí tener dos blogs simultáneos en los que escribiré mis historias y MIS historias.


Si quieres ver el nuevo blog, sólo debes pulsar Aquí. Saludos, Nao ELgueta :)

lunes, 11 de octubre de 2010



Y allí nos encontrábamos, viendo televisión, solos. Yo te hablaba del difícil día que había tenido y tú no me oías.
-No me estás escuchando- te dije en voz baja- ¿Estás pensando en ella? Sé que verla hoy debe haber sido difícil para ti, pero ya la has olvidado ¿No?
-¡No es eso! Mi vida no gira en torno a ella, ni mi pasado- dijiste mientras te levantabas violentamente del sillón, y te asomaste por la ventana, afuera era un oscuro y gris atardecer de otoño, llovía.
- Si ya la has olvidado ¿Por qué entonces te irritas tanto cuando toco el tema? Las heridas cicatrizadas no se supone que duelan.
-¡Basta! Se supone que deberías entenderme y apoyarme, no cuestionarme-tu voz se quebró, pero la recuperaste rápidamente-. Al preguntarme sobre ella te haces daño a ti misma, lo sabes.
     Me tardé en contestar, cuando gritas, jamás puedo reaccionar en el instante.
-No es lo que importa- dije mientras me levantaba suavemente y con timidez del sillón- Quiero ayudarte, cueste lo que cueste, duela lo que duela. Sé que es difícil olvidar a la gente cuando te hiere, o te apuñala por la espalda. Sólo te quería recordar que cuentas con unos oídos y hombros disponibles para ti siempre- dije mientras una lágrima enmarcaba mi mejilla. Tomé mi codo con mi mano, como abrazándome a mí misma, mientras tú cerrabas las persianas.
     Desearía que estuvieras aquí. En cuerpo y alma. Que tu mente sólo piense en mí, porque soy la única que te puede hacer feliz. Tener todo lo que necesitas para estar completo. SER ELLA. Cuánto me gustaría ayudarte a dejar todo atrás, cambiar tu gesto de seriedad y mirada triste, a un rostro limpio de sufrimientos. Pero es más fácil subir a la luna de un salto, que poder hundirme en tu corazón e impregnarme en tu alma. Quiero que me ames porque poseo todo el amor que necesitas, y está esperando por ti. Quiero que aterrices y esta noche estés aquí, realmente aquí.
-Lo siento, ya no hablemos del tema- dijiste. Siempre se te ha hecho fácil huir a la hora de hablar de tus sentimientos.
-No puede ser que tú siempre...- no pude terminar la frase porque me callaste con un beso.
     Fue un beso distinto, fue con pasión, un ardiente beso. Me tomaste con fuerza entre tus poderosos brazos y  me llevaste en ellos a mi habitación. Me dejaste sobre la cama y te sacaste la camisa. Me asusté. Tus ojos tenían un oscuro y particular brillo. Era algo entre una lágrima y el asomo de un plan vil, como una venganza. Estaba desconcertada. No alcancé a decir palabra y tú ya estabas completamente desnudo y me estabas desvistiendo. Mientras besabas mi cuello suspiré:
-Siempre huyes.
     Pero, tal como hacías antes, no oíste. Me dejé llevar. Al fin y al cabo no sé qué es lo que quieres que te dé, pero estoy dispuesta a dártelo todo. Mientras tu ser está dentro de mí, sé que yo no estoy dentro de ti. Sé que mientras me besas, no piensas en mí. Pero a pesar de todo, te amo y mantengo la esperanza de que un día tus ojos vean realmente mi rostro mientras estamos conectados.
     Y afuera sigue lloviendo, dentro de mis ventanas también llueve pero tu labor ha terminado y te has quedado dormido. Quisiera que mi abrazo se sintiera tan cálido en ti, como el tuyo se siente en mí.














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Adelanto de mi nuevo blog, que se viene muy pronto.





A Giver.

    Tu encanto y magia se han esfumado, se han ido paulatinamente en todos los besos que regalas ¿Por qué haces esto? Regalas tus preciados labios como si fuesen miradas pasajeras. Has tenido ya tres parejas desde que ya no estamos “juntos”.
   ¿Es irónico no? Que has besado a tantas mujeres, pero a la ÚNICA que has amado, sólo te concedió un beso en la mejilla. Será tu castigo (casi) eterno, te lo has ganado y con cada acción libertina que cometes, te lo mereces cada vez más.







Locomoción colectiva

Con un sol de verano que se muestra pero nada abriga, esperé pacientemente a que pasara un colectivo con cupo para poder finalmente ir a mi casa a descansar. Tuve que esperar un poco más tiempo del que suelo esperar puesto que era la hora pick y yo había salido más tarde porque estaba rindiendo una prueba. Detuve un 116 y me subí. Dos cuadras más adelante se bajó del vehículo el señor que estaba al lado mío y quedé sola en los asientos de atrás. Frente a la estación de buses, alguien ha abierto la puerta en donde estaba la ventana por la cual yo miraba, y se asoma un chico normal, con rasgos normales y acento normal, preguntando si llegaba hasta cierto lugar al norte de la ciudad. El conductor respondió que sí y se bajó para abrirle el maletero y que guardara su maleta. Se sentó atrás, conmigo. Fue tan gentil en su manera de expresarse que me llamó la atención, aquello y su dulce tono de voz.
     Mucho más lejos y varias cuadras más, se sube otra persona, otra vida, otro ente, otro cuerpo, así que te corriste y quedamos brazo con brazo, pierna con pierna. Agradezco que la señora que se subió fuera rellena pues quedamos bien pegados. Sentí tu perfume, cálido y cautivador. El calor de tu cuerpo, muy reconfortante en aquel ambiente tan frío. Sentí cada músculo de tu brazo moverse cuando sacaste un celular de la pequeña mochila negra que llevabas. Se calló un lápiz de un bolsillo lateral, quisiste recogerlo pero era casi imposible pues la señora de rojo ocupaba mucho espacio, y estaba dormida así que no se movía. Me agaché y lo recogí, me reí y te reíste de vuelta algo nervioso. Seguí mirando por la ventana y tú disimulabas hacer lo mismo, pero mirabas otra cosa, a mí, mi cabello, mi cuello descubierto. Te quedé mirando por el espejo retrovisor y notaste que te había pillado, desviaste la vista rápidamente, esta vez no hubo risas.
     Se despierta y se baja la mujer de rojo, y sin ninguna prisa, tomas tus cosas para correrte y ocupar el espacio ahora vacío. Cerré mis ojos y deseé que no lo hicieras, pero lo hiciste de todas formas. Debes haber pensado que quería mi espacio, cuando era todo lo contrario. Cuando tu cuerpo se alejó del mío sentí un frío entremedio. Ya no te volví a mirar hasta el final del viaje. Dije “me deja en la siguiente entrada” y el colectivo se detuvo. Abriste la puerta, levantaste tu mochila y te bajaste. Luego yo bajé, y mirando hacia el suelo dije gracias. Has dicho “de nada” con esa dulce voz que no volveré a escuchar. Subiste al vehículo. Caminé unos pasos y volteé, me mirabas. Cuando mis ojos se cruzaron con los tuyos, tus cejas se arquearon  como entre sorpresa, despedida y pena ¿En qué habrás estado pensando? ¿Tendrás problemas muy graves? Tus ojos eso dicen.
     Sonreí, una sonrisa de hasta nunca y vi cómo el auto se alejó y lo perdí de vista. Una sonrisa, de hasta nunca...

viernes, 1 de octubre de 2010

Sólo cuando necesitas, te das cuenta de lo que das.

Sólo cuando necesitas, te das cuenta de todo lo que has dado. Cuesta detenerse porque se te cae el mundo, pero tarde o temprano debes hacerlo. Y basta con que yo me pierda un tiempo, me dé un descanso, o simplemente decida aclarar mi mente, para que todo se vaya literalmente al suelo (por no decir a la mierda). Todos tenemos derecho a tomarnos nuestro tiempo de meditación incluyendo separaciones momentáneas con amistades, familiares, relaciones de todo tipo, sin tener que ser juzgados no? Bueno, debería ser así. Todos pasamos por momentos en los que todo el mundo nos parece irritable y en vez de hacer las cosas mal, preferimos hacer nada. Y he tenido muchos problemas este último año pero parece no ser excusa suficiente para nadie. Cada vez que quiero enojarme con alguien porque me falla, me pongo en su lugar y pienso “qué tanto me ha entregado la otra persona” y si veo que soy yo la que también ha fallado, no me enojo. Y me gustaría que todo el mundo pudiera hacer eso siempre, ponerse en los zapatos del otro. Antes de sacar apresuradas conclusiones y realizar dolorosas acusaciones. No es tan difícil la empatía, pero es fácil olvidarse de aplicarla. No hay nada de malo en expresar tus sentimientos sea como sea que te sientas, siempre cuando hables de cómo TÚ te sientes. Como dice un enunciado “la libertad propia, termina donde comienza la del otro”. Si vas a criticar o insultar o decir cosas feas asegúrate de que estés en lo correcto y no estés sacando conclusiones apresuradas porque hay huellas que nunca se borran, como el dolor que se siente cuando un ser querido te insulta. Si alguien no es contigo, ahora, lo que quieres que sea, no significa que nunca lo fue. Es fácil generalizar todo cuando te sientes abrumado, te ciega el árbol y eres incapaz de ver el bosque.




Fotografía: San Pedro de Atacama, Segunda región, Chile. Por Gerson Elgueta (mi hermano)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Puede besar a la novia


             No es que esté ansiosa, pero no negaré que he idealizado el momento. MI BODA! Lo único que quiero es tener a aquel hombre que me ayude a ser feliz y esté a mi lado. Que me cuide y que yo lo pueda cuidar cuando su cascarón se vuelva débil. Que tengamos confianza pero que a la vez sigamos guardando esos pequeños gratos secretos que se van revelando mientras pasa el tiempo. Que me entregue más de lo que doy y yo le dé mucho más de lo que él me da.
          Amarnos… suena tan poco aquella palabra para aquel sentimiento que un día me llegará, juntos le inventaremos un nuevo nombre mucho más extraño porque “amor” es una palabra que usa todo el mundo como si fueran saludos. Cocinaríamos juntos, nos besaríamos, caminaríamos y muchas cosas de todo tipo las haremos juntos y con mucha alegría. Quiero que dure lo que más se pueda. Por eso espero que su personalidad sea compatible con la mía porque soy una mujer de carácter fuerte y me encanta pelear, es por eso que en vez de discutir necesito que sepa calmarme, no sé cómo lo hará, pero él sabrá hacerlo. Quiero que con mucho amor me una a su cuerpo, me ame, me acaricie y respire sobre mi cuerpo, serán momentos mágicos y yo le agradeceré siempre por mostrarme el mundo desde las estrellas.
                   
                Cuando llegue aquel día de la ceremonia el cielo será más azul, los colores todos serán más vivos, las flores desprenderán un olor más aromatizante, las aves cantarán más fuerte y los árboles bailarán al ritmo del viento mientras nosotros pasamos, saludando con sus hojas deseándonos lo mejor. Y en la noche, el sonido del mar potente se escuchará cerca de nosotros, las estrellas brillarán con entusiasmo y hasta la luna se detendrá a mirarnos con su maternal fase mientras nos bendice con el manto azul que cubre lo terrenal cuando ella está feliz.
                 Aquel día yo caminaré hacia el altar y lo único que quiero hacer es sonreír mientras miro a tus ojos porque será tanto lo que veré en ellos. Espero tener la concentración para poder seguir adelante sin perderme en ellos aquel momento, al menos no del todo. Observaré tu mirada, tus brillantes ojos que se abren como enormes portones de aquella alma que será mi alma también, tu boca que sonreirá tan grande pero a la vez se doble porque sentirás tanta alegría que querrás llorar. Yo y tú separados por un pasillo. Mientras camino hacia ti, tú pensarás que seré lo más cercano del cielo que jamás estarás y aunque sé que es romanticismo e idealización, yo me sentiré de la misma forma respecto a ti. Los ángeles tocarán arpas y cantarán al mismo tiempo, porque el paraíso no se encuentra en el cielo, sino en tus ojos, sino en mis ojos, sino en nosotros.
                  Aunque me gustaría una ceremonia en la playa iluminada por velas, y considerando que no soy cristiana, si me lo pidieras accedería a casarme por la iglesia si fuera tu deseo. Quiero amarte como nunca he amado antes, complacerte, hacerte feliz y que tú me hagas reír, con eso amor, seré dueña de las llaves del Edén.
                 Y por último… haré que el mundo se detenga cuando digamos “acepto” y nuestro beso sea el principio de una larga historia llena de momentos y clichés bobos que a veces son inevitables.

lunes, 30 de agosto de 2010

Un café en aquel lugar frío.


Sigo perdiendo las esperanzas, cada día un poco más. Me dan unas ganas enormes de agarrarte fuerte por los hombros y sacudirte hasta que me preguntes por qué lo hago para responderte “¡porque tú no haces nada!”. Cada vez que mi mirada se topa con la tuya o te veo caminar a lo lejos, me entran ganas de correr hacia ti gritando tu nombre para llamar tu atención y luego golpearte fuerte, muy fuerte, y ver si de ésa manera algún golpe es lo suficientemente fuerte como para hacer reaccionar a tu corazón o tu mente y te des cuenta de lo que te pierdes, de que me pierdes. He pensado en jalarte el cabello y besarte en la frente para luego huir, a ver si eso cambia algo. Me entran ganas de aferrarme a tus pies y llorarte, hasta que te inclines, me abraces y me digas que lo sientes, que tu intención no fue herirme, que piensas en mí algunos días, que esté tranquila porque todo volverá a ser como antes. Me dan ganas de acercarme a ti con delicadeza y preguntarte qué es lo que pasa por tu mente. Me dan ganas de hacer como si nada hubiese pasado, para poder volver a hablar contigo y contarte cosas que he estado guardando todo este tiempo, regalarte aquel CD con videos de tu banda favorita que descargué y grabé para ti. De entregarte una carta que te recuerde todos los buenos momentos que hemos pasado juntas para que te des cuenta de que sí vale la pena luchar por esta amistad, y junto a esos buenos momentos, escribir muchas razones del porqué no te quiero perder y los porqué no deberías perderme, pero te corresponde a ti darte cuenta de todo eso. Quiero volver a caminar a tu lado, tomarte la mano y decirte que te quería tal y como eras. Que simplemente me agradaban todos tus detalles y tus actitudes buenas, y que adoraba tus defectos al mismo tiempo. Recordarte que siempre he estado para ti y lo seguiré estando. Invitarte a mi fría casa para que tu mirada y sonrisa la hagan cálida mientras nos tomamos un café, porque sé cuánto te gustan ¡Y ahora tengo una cafetera! Volver a decirte lo tonta que eres mientras me río de tus bromas. Repetirte honestamente lo agradecida que me siento cuando me aconsejas, o mejor dicho, cuando lo hacías. Acariciar tu fino cabello mientras te digo que necesitas un corte, porque lo has dejado crecer más de lo usual.

Pero luego me doy cuenta de que no puedo hacer todas esas cosas, porque no hablamos más. Porque mi orgullo, a pesar de haber disminuido, me retiene y me dice que eres tú la que debe acercarse. Porque actúas como si te importara poco arreglar esto y no puedo hacerte cambiar de opinión y/o actitud. Es lo que demuestras, pero sé que en el fondo algo te debe importar, si no es así significa que no te conozco, que has mentido todos estos años, y sólo pierdo mi tiempo. Podría perdonarte. Pero por favor, acércate para decirte que es demasiado tarde.

Ésta carta me ha servido como una despedida que no me atrevo a concretar porque siento que no me corresponde. No estoy cerrando el capítulo de una etapa de mi vida, porque no se puede cerrar algo que está inconcluso, sólo estoy dando vuelta la página para seguir adelante. Sé que tarde o temprano leerás esto y espero que lo tomes de buena forma, o que lo tomes como quieras. No sé qué sientes tú respecto a este quiebre, al menos ya sabes lo que pienso yo.



Fotografía por: David C Shultz

sábado, 28 de agosto de 2010

Prueba de avance


Despierto abriendo mis ojos con lentitud y pesadez, el cansancio se ha apoderado de mí estas últimas semanas. Un día más, un día menos. Es diferente, porque no suelo despertarme temprano los sábados, pero el colegio me ha obligado a hacerlo para rendir una prueba a nivel de generación. Camino hasta el baño, recargo mi torso apoyando mis brazos en el lavamanos, y miro, un tanto encandilada por la luz, mi reflejo en el espejo. Pienso unos minutos si ducharme o no. Lo hice antes de acostarme, estoy limpia y no quiero gastar más agua, pero necesito refrescarme para que de verdad sea un nuevo día. Finalmente me decido por una ducha corta. Me seco y me dirijo hacia mi habitación. Tomo las primeras prendas que encuentro que además combinen un poco y me las pongo. Bajo las escaleras todavía un tanto somnolienta y me siento en la mesa del comedor. Miro mi individual y ahí está, como cada mañana, la pastilla de la que dependo para no convertirme en un monstruo. Los mismos ingredientes en cada pastilla que he tenido que cambiar a lo largo de los años debido a que mi organismo se va haciendo inmune. Aquella misma pastilla que me recuerda cada día que sufro de una enfermedad, invisible a la vista cuando estoy normal, pero abominable cuando se manifiesta. Ovalada, rosada y de tamaño regular, se ve tan insignificante, pero aún así sin ella no soy nada. La ingiero rápidamente con un sorbo de jugo, sigue el plato de avena. Lo observo asqueada por un par de segundos y maquinalmente me levanto y lo boto a la basura en una bolsa para que no me vayan a pillar de nuevo y me reten por “evadir” algunas comidas importantes. Subiendo por la escalera, me devuelvo a mi habitación que permanece con las cortinas cerradas y en una tenue azulosa oscuridad. Me siento en el borde de la cama. Estoy en modo auto-pilot, como apagada, no sé qué me sucede. Y como un tren, con rapidez y brutalidad, me arroya lo que no había considerado de hoy, hasta ahora. Hoy es el día en que se supone que tu colegio va al mío a rendir las pruebas, las mismas que el mío. Pienso que hoy podría verte, luego de largo tiempo sin hacerlo. Me levanto de golpe, me mareo. Me desvisto y comienzo a buscar otra ropa que ponerme, algo lindo, algo sencillo, algo que te agrade. Me cambio y voy al espejo, me miro. Me lavo la cara, me seco, me aplico crema y me maquillo. Me miro de nuevo. ¡Soy tan estúpida! Una estúpida que se ve bien en este momento, pero estúpida al fin y al cabo. ¿No se supone que ya te había olvidado? Estoy segura de haber comprendido que esto no puede ser por el momento, pero tengo claro asimismo que eres de aquellas personas que se recuerdan para siempre. Y a lo largo de mi vida puedo contar con una mano los chicos que me han hecho sentir bien conmigo misma y se me es muy fácil volverme a sentir así, que vuelvan a atraerme. Estoy debatiendo en voz baja en contra mío. Yo y mi interior quedamos en el acuerdo de que nos hemos vestido bien para ti, pero no por ti, sino por nosotras. Es difícil de comprender, soy difícil de comprender, me cuesta comprenderme, no estoy segura si lo estoy haciendo en este momento. Salgo apresurada de mi casa y me subo al auto. Mientras voy por la costanera miro el océano que me recibe azul y furioso, espumoso y profundo. Llego dos minutos antes de que suene el timbre, me busco en la lista de las salas. Me toca la 43. No te he visto hasta ahora y suspiro esperando no hacerlo. Rindo avance de lenguaje, me va bien y reviso varias veces la prueba para hacer más tiempo, de esa forma tendré menos de recreo y el tiempo de espera para verte o no hacerlo, se reduce. Me llaman mis amigos del otro lado del patio y camino a través de él con la mirada apuntando hacia el centro de la tierra. No quisiera toparme contigo y tener que besar tu mejilla, porque es un suplicio. Un eterno sufrimiento de 1,5 segundos que dura y duele, no creo que sea necesario explicar el porqué. Me siento a conversar, me levanto, me vuelto a sentar y finalmente prefiero estar parada. Busco excusas interiores para recorrer el sector con la vista, ansiando contradictoriamente encontrarse con la tuya. Hay poca gente, luego bastante, y aunque hubiese un centenar yo sabría cómo reconocer tu cabeza entre todas ellas. Te reconocería, a ti y a tu esencia de forma involuntario incluso, porque sería como siempre tu todo que me llama. Mi amiga me mira con su mirada, inconfundiblemente comprensiva que aunque conozco hace poco tiempo, siento cómo atraviesa mi alma y me pregunta por ti, si te he visto. Me exalté al escucharlo, tu nombre. Mucho tiempo sin escucharlo salir de la boca de alguien, yo jamás lo digo en voz alta, me asusta. Se contrae mi cuerpo, respondo que no y hago un gesto de que poco me importase si te viera. No sé si estoy mintiendo, no tengo la certeza. Toca el timbre y me voy rendir la de avance matemático. Me quedo pegada en la pregunta dos, luego en la 5 y posteriormente en la 7. Cuando voy en la número 19, dos chicos se levantan y entregan las suyas con una sonrisa de superioridad. Me desespero e intento concentrarme en el papel en frente de mí, bajo mis manos, mi lápiz y mi goma. Se me pasa por la cabeza que quizá es que mi subconsciente piensa en ti, y no me doy cuenta pero me intento auto convencer de que no es eso sino que nunca he sido buena en matemáticas. Finalmente me auto convenzo y termino la prueba de las últimas. Salgo de la sala y vuelvo a ver a mis amigos, sigo conversando y riendo, mientras miro a mí alrededor, cada vez con menos frecuencia. Me he rendido en la tarea de encontrarte, me he rendido en tratar de encontrarte siempre. Vamos saliendo del colegio y tengo una pequeña rencilla con una compañera, estaba algo enojada y como dinamita de pita corta, encendí enseguida. Me noté alterada asique disminuí revoluciones y seguí normal. ¿Irritable yo? Me llama mi padre, me está esperando. Me despido de todos subo al auto y doy por terminado este día, siendo aún las 12.30 y todavía quedan 11 horas con 30 minutos para que sea un agradable domingo.

Es extraño, me siento atada a mí misma.

jueves, 12 de agosto de 2010

Finales sin punto


Confieso que sí, mi vida ha mejorado un poco desde que nos hemos separado, he vuelto a reír constantemente, a confiar ciegamente, a abrazar, a querer, he comenzado totalmente desde cero y hace mucho tiempo no lo hacía. A pesar de que dolió bastante y sigue doliendo bien dentro, muy fuerte. Dejar a una amiga atrás te afecta demasiado y dos… te quiebra el alma. Incluyendo a uno de aquellos amores que marcan tu vida, que siempre recordarás hechos y fechas, a la lista del pasado. Y el divorcio de mis padres. Me gustaría haberlos incluido en mi futuro y lo digo sin pensarlo dos veces, pero todo cambia y existe gente que te acompañará en diferentes etapas de tu vida, como las hay las que te acompañan durante todas, aún espero encontrar la segunda. Del “amor” ya he hablado bastante e incluso puedo decir que es algo un tanto superado. Pero el otro tema es más difícil de tratar, me tiene aún confundida porque para mí los finales se marcan con conversaciones y estos dos finales no se quieren concretar, al parecer, por falta de interés.

Me he dado cuenta de que aunque dos personas cometan el mismo error, es distinto. Aunque una haya cometido el mismo error más de una o dos veces, se puede perdonar. Porque el perdón no sigue ley alguna, se da a la persona que tú quieras dársela. Y yo quería dártelo a ti, bastaba con que me lo pidieras… pero no lo hiciste.

He decidido bajarle un poco la densidad a mi orgullo porque lo único que me ha traído son pérdidas estúpidas y dolorosas. Pero bajo ninguna circunstancia:

  • · asumiré errores que no son míos
  • · dejaré que me pasen a llevar
  • · haré como que nada pasó, cuando algo sí pasó, sin previa conversación de aclaración

No pido explícitamente unas disculpas, si no les nace, no las pidan porque no serán honestas. Sólo que al menos demuestren un interés en aclarar el asunto, si fue un malentendido, dar a entender qué es lo que se quiso decir, si va a ser un final, ponerle un conversado punto. No pido nada que yo no haya dado antes, pero el mundo es injusto y no todo lo bueno se devuelve.

Es demasiado ceniciento el sentimiento que se despierta en mí cuando pienso en el problema. Trato de comprender todo y es tan mínimo lo que alcanzo a lograr. Lo único que se me viene a la mente es que importo tan poco para aquellas personas que me importaban tanto, que prefieren esquivar el problema y dejarlo atrás en vez de lidiar con él. ¿Es eso lo que soy acaso? ¿Un problema irrelevante que se aplaza? Duele.

Duele que no les importe. Duele que lo aplacen. Duele que aún no se termine, duele que quiera hacerlo. Duele que deseen que sea yo quien se rinda. Duele que no me hayan comprendido. Duele que mientas para excusarte ante el resto. Duele que no se hayan puesto en mi lugar. Duele que duela. Duele que las aconsejen mal sobre el tema o, que al contrario, no lo hagan en absoluto. Duele cuando pienso si pensarás en mi sintiendo que quizás estás en un error al dejarme ir, porque existe la posibilidad de que no lo hagas. Duele pensar si me extrañas, porque existe la posibilidad de que no lo hagas. Duele pensar si has pensado en acercarte para remediarlo todo, porque existe la posibilidad de que no lo hayas hecho.

Me quedan un montón de dulces recuerdos pero un muy amargo final.

martes, 29 de junio de 2010

Escritora


Existen veces, pequeños momentos, en los que pienso si mi futuro podría ser el de una escritora. Si es que yo sería capaz de abandonar mi sueño de toda una vida, estudiar medicina, por; tardes de escritura, amaneceres de lecturas y tazas de dulce café. Suena bien, suena muy bien.

En la vida te aconsejan seguir aquello que te apasiona e ir a por ello. Y a decir verdad… ¡Me encanta escribir! Como he mencionado antes, soy muy mala para expresar mis sentimientos en personas, pero al tomar una lapicera (odio escribir con lápiz grafo porque se borra lo que escribes al pasar los dedos sobre el texto) y una hoja, las palabras parecen salir puras y raudas para plasmarse en mi pequeño cuaderno verde.

Yo escribo porque me gusta hacerlo, pero si fuese escritora tendría que ser capaz de vivir de ello. Poder pagar mis gastos y gustos con mi propio dinero, que habría de hacer con la venta de mis publicaciones. Me pregunto si alguien las leería. Deberían hacerlo, es decir, descartando a la familia y los amigos, siempre hay alguien más que leerá tus textos. La pregunta es; ¿Qué sucederá después de ello? Esa persona tendría las opciones de; calificarlo como su favorito, recomendárselo a un amigo, tirarlo a la basura cuando haga limpieza de estantes y baúles o simplemente venderlo a bajo costo, para que luego termine en una feria barata de libros usados. En donde, quizás, una señora, dueña de hogar posiblemente, lo lea y diga” que escribe bien la chiquilla”, o lo más probable “no entendí a las finales de qué hablaba”. Sería difícil no agradarle al público, pero les guste o no, escribiré siempre aunque no publique todo.

Si estudio medicina puedo seguir escribiendo en mi tiempo libre, algo así como un hobby. Escribir sobre mis días como interna, las extrañas circunstancias por las que llegan pobres señoras al los hospitales regionales, lo mucho que me divertiría diseccionando cuerpos en la morgue ¡De lo que quisiera!

En cambio si me dedico a escribir, podría arrepentirme de no haber gastado otros trece años de mi vida estudiando lo que había planeando toda mi vida. Lo que me haría deprimirme y escribir textos con carencia de esa dicha en la vida, como la que suele tener siempre el resto (o la que parecen tener). Lo cual es irónico porque nunca sigo planes y, es también la forma en la que escribo ahora.

martes, 15 de junio de 2010

De los errores no se aprende.


¿Que de los errores se aprende? ¡Mentira! Es una cruel mentira, que enciende ilusiones en los desdichados y encierra en un grupo a la gente en general, pues no especifica quiénes son los que aprenden. Lo que sí sé es que yo no, no aprendo mucho de los errores, soy demasiado terca para hacerlo.

¿Quién o qué es denominado error? Si se lucha por una persona y ésta no te corresponde, no es un error sino una experiencia. NO sabes si te dice la verdad cuando afirma no sentir lo mismo, y suele ocurrir que luego se dan cuenta de que sí sentían algo.

No llamemos error a todo lo que no resulta tal cual lo trazamos en nuestra mente. Dejemos de auto-declararnos unos fracasados pero con el “consuelo” de que estamos aprendiendo de ello. Lo que no resulta una o dos veces no significa necesariamente que jamás funcionará, porque el mundo, el tiempo, el contexto, las personas y los sentimientos: CAMBIAN.

jueves, 10 de junio de 2010

5 dreams, 4 deaths


Hace unas noches atrás tuve 5 sueños que se separaban porque después de cada uno me despertaba y estaba destapada. Luego me abrigaba y me volvía a dormir. En 4 de los 5 sueños yo moría (tanto porque me mataban o yo misma me mataba). Describiré sólo el que me dejó más desconcertada de todos.

Estaba yo en mi casa con una amiga y por algún motivo habíamos secuestrado a dos personas de mi colegio y los teníamos sentados en el comedor, un chico y una chica. Sólo recuerdo quién era el hombre, un chico normal de 4to medio llamado Cristóbal con el que he hablado sólo un par de veces. La chica no recuerdo quién era. Y en el patio trasero de mi hogar se hallaba un tercer secuestrado, atado y sentado en la tierra el cuál no teníamos vigilado tan bien como los otros dos. Pero la diferencia es que no era un joven o un alumno, sino un hombre ya de edad (aproximadamente 45 años) con lentes, de camisa verde y un tanto calvo. Estábamos interrogando a los dos secuestrados que estaban atados a las sillas en el comedor cuando de repente el hombre del patio se escapa por la puerta que da a la salida de mi patio, se libera de las cuerdas que lo ataban y de manera extraña abre la puerta principal de mi casa y grita “¡Ya son libres!¡Corran!”. Cuando sucede esto, Cristóbal se levanta de su silla, luego de que mágicamente las cuerdas se soltaran solas y cayeran al suelo, decidido a darme muerte. Mientras él con dificultad termina de liberarse de sus ataduras yo corro a la cocina y tomo un cuchillo regular, con los que día a día corto la carne de mi almuerzo. Me paro a un lado de la puerta de entrada junto al teléfono que debería comunicar con la portería de mi condominio pero que ya no funciona. En un instante muy breve pienso que si de todas formas moriré, prefiero ser yo la que acabe con mi propia vida en vez de otra persona. Así que con el filo del cuchillo recorro mi cuello cortando horizontalmente debajo de mi barbilla. Todavía recuerdo aquellos segundos de tanta intensidad, con cada detalle. Pueden encontrarme extraña, incluso pensar que aquel sueño me dejó perturbada. Pero debo admitir que se sintió muy bien. Sentí cómo rápidamente la sangre comenzaba a salir, rápido pero caía lentamente llegando hasta mi pecho, con una tibieza exquisita. Ese corte no fue sólo un corte simple, sino el corte que separó mi alma lentamente de mi cuerpo, dejando todo lo malo en el mundo terrenal, librándome de toda culpa y todo mal sentimiento. Fue un corte liberador, el corte del final. Luego sentí un leve hormigueo que comenzó en mi cara, bajó por mi cuello y pecho y se empezó a dispersar por mi cuerpo. Me hizo sonreír aquel extraño cosquilleo.

Finalmente comencé a caer con lentitud para estrellarme contra el suelo. Pero mientras caía desperté un tanto asustada. Froté desesperadamente mi cuello, seguía normal e intacto sólo colgaba un collar que ya está roto pero no me lo quito porque no tengo otro que sea igual de pequeño y simple. Me cubrí con las tapas para volver a dormir y seguir soñando.

domingo, 30 de mayo de 2010

Winter Holidays


Que suerte que lleguen las vacaciones de invierno. Estoy harta del colegio y harta de lo que me rodea.

  • Necesito estas dos semanas para meditar en lo que será de mis sentimientos ya que debo reinventar mi corazón y dejar atrás a la persona que tanto quise de una vez por todas.
  • Tiempo para avanzar en mi aprendizaje de cómo tocar batería y guitarra.
  • Necesito este tiempo porque me he cansado del colegio y lo que me exige, aunque estoy orgullosa porque pude subir mi promedio 1 punto con 4 décimas en tan sólo dos semanas.
  • Necesito también aclarar qué haré con mi entorno porque me he dado cuenta de que estoy empezando a desencajar en mi grupo de amigos. Me molestan sus actitudes, sus formas de pensar, sus puntos de vista. Todo lo que antes encontraba tan similar entre nosotros hoy lo encuentro tan distante y distinto, somos tan opuestos que no nos atraemos. Pienso que están cambiados tal cual yo estoy cambiando, pero de diferente forma. No quiero ocultarles nada pero por algún motivo, que está fuera de mi área de control, no puedo contarles mis problemas más íntimos o mis pensamientos acerca de éstos. Ni siquiera me motivo a salir con ellos aunque no tenga nada que hacer en casa.NO ES CON TODOS. NO ES TODO EL TIEMPO.
  • Necesito estar con las únicas personas que estarán siempre para mí: mi padre, mi hermano y yo. Y al estar conmigo dedicar todo mi tiempo a pensar en qué hacer con este corazón que tanto ha sufrido y tanto ha reído. Disfrutar los detalles como solía hacerlo antes porque le he perdido momentáneamente el gusto a la vida, lo cual no significa que me desee la muerte.
Este tiempo me hará muy bien :)

*Fotografía de las "Nubes de gloria".

sábado, 22 de mayo de 2010

Cuando te vi.


Cuando te vi el día Jueves pasado pude entender muchas cosas, pude resolver tantas dudas que me planteaba. Y la respuesta a la más importante es sí, sigo enamorada de ti como en cada texto profeso y para ti escribo. Te abracé instintiva e impulsivamente tal como lo predije. No estuve nerviosa porque me sentí cómoda desde que te vi y no paré de sonreír todo el tiempo. Volvimos a reírnos como antes, con la misma confianza, con las mismas ganas de hacernos felices siempre. Al principio no me mirabas a los ojos por más de dos segundos seguidos y comprendí que quizás no querías ver en mi mirada algo que te hiciera dudar de si estás en lo correcto al estar emparejado con otra persona en este momento. Luego conversamos y te pregunté de repente, y ansiosamente “¿Te leo la carta?” (Porque ambos sabíamos que era a eso a lo que iba). Respondiste tranquilamente con un “sí”. Al sacarla y leer las primeras dos palabras “Lo siento…” me detuve, bajé la vista y cobardemente admití “No puedo hacerlo” y con la voz más comprensiva que jamás te había oído me dijiste “Puedes dejarla sobre mi mesa y yo la leeré después”, fue un alivio para mí.

Charlamos largamente actualizándonos en cuanto había pasado en nuestras vidas, evitando los silencios incómodos que se pudiesen generar. Cuando eran casi las diez me fuiste a dejar (lo cual me hizo sentir incómoda pero luego recordé que tú al día siguiente tenías que ir a la escuela) y traté de caminar lento pues ¿Cómo hacer durar tan sólo cuatro cuadras de distancia? Despedirme fue lo peor pues algo me decía que sería largo tiempo en que no te volvería a ver aunque supuestamente al día siguiente habíamos planeado juntarnos. Lo último que escuché de ti fue “Mañana te llamo” y todavía espero que sea 'mañana' desde ese jueves. Cuando subí al departamento y me tiré suspirando al sillón, caí en la cuenta de que cuando llegases a tu hogar leerías la carta que transparentemente, días atrás, habías escrito para ti y me sentí de nuevo llena de dudas. Pensé si debía enviarte algún mensaje que le agregara algo a la carta o llamarte, y finalmente me decidí a esperar. Al día siguiente no llamaste y no me enojé puesto que comprendo que una carta tan fuerte requiere tiempo para pensar. Sólo espero que sea lo que sea que decidas hacer sea lo mejor tanto para ti como para mí.

Texto que escribí el día jueves 1 de abril.

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Ahora que lo pienso bien, fui muy torpe. Debí haberte leído la carta para saber cómo reaccionabas a semejantes declaraciones y aclaraciones en aquel mismo instante pero, como se me es de costumbre, me acobardé. Incluso a un mes de aquel día, no me habías aclarado lo que pensabas de aquel papel repleto de letras escrito con la tinta de mi verdad.

No me falles ésta vez.


Quedamos de vernos mañana y el día viernes. No me falles, no me dejes esperando, no lo canceles. Necesito ver tus ojos y darme cuenta si en ellos me puedo perder o son sólo un par más para recordar o posiblemente olvidar. Justo en esta oportunidad que acepté salir contigo, estoy muy ansiosa. No sé qué haré al verte frente a mí. No sabré si besar tu mejilla y guardando cierta distancia saludarte y preguntar ¿Cómo estás? O quizás sólo un impulso instintivo de mi interior, que todo este tiempo te extrañó, me obligue a abrazarte y no despegar mi cuerpo del tuyo para no generar un silencio incómodo que existe en aquellas pausas que se generan entre una acción y otra.

Me invitarás a pasar a tu casa y elogiaré cada cosa que veo para que no notes lo nerviosa que estaré, porque es lo que siempre hago cuando más nerviosa estoy.

No quiero bajar la mirada ni por un solo momento para no perderme tus gestos, tus ojos y palabras sin sentido ni coherencia salir suave y tentadoramente de tu boca.

Cuando llegue el momento aquel, razón principal de nuestra reunión no sabré si sentarme o quedarme parada. Al leer la carta que escribí no sé si debo leerla rápidamente para acabar o acortar el instante en que me estés mirando detenidamente, o leerla lentamente para que te concentres en cada oración y puedas entender qué quiere decir cada frase y también hacerlo con lo que hay entre ellas , lo que no escribo pero se da a entender.

No tendré ganas de despedirme para luego partir aunque sé que al día siguiente nos veremos porque no me quiero volver a separar de ti aunque sean menos de veinticuatro horas.

El día viernes serán muchas más las dudas al pensar en qué hacer, ya que sabrás todos mis sentimientos por haber leído una y otra ver la carta la noche anterior y haber entendido todo lo que a primer oído no habías captado.

Y aunque esté nerviosa te mentiré y diré que estoy lista para verte.


Texto que escribí el día miércoles 24 de Marzo.