domingo, 20 de febrero de 2011

Da la cara, por favor.


             Por favor deja de evadirme. Te entregué la carta más fuerte que he escrito en toda mi vida, la más llena de sentimientos y honesta carta de toda mi vida, exactamente hace una semana atrás y tú quedas como si nada, no me hablas, no me llamas, nada! No te pido que me escribas una de vuelta, no es eso, sino que te pido me des una respuesta, es decir, si quieres darme una oportunidad y que aquella carta sirvió de algo, que algo movió en tu corazón o que simplemente no te provocó ningún sentimiento y no quieres arriesgarte a probar “que tal si…” . Si es la segunda: quedamos bien, deberás darme un tiempo obviamente para pensar y recapacitar, olvidar, pero luego quizás podamos ser amigos porque contigo soy yo y te tengo confianza, y de aquí a encontrar a otra persona con la que forme una conexión así, tardaré bastante.
             No te pregunto ahora mismo porque acabas de terminar con tu novia y quizás estás más sentimental y volátil que de costumbre así que quizás hasta te enojes conmigo por ser tan “insensible” o “imprudente” por preguntártelo y pensar en mí y no en ti que pasas por un mal momento y si llegara a desatarse tu ira, incluso, podrías herirme con palabras como dagas que no se piensan antes de lanzar. Pero yo (sin atacarte) te pregunto: ¿No te das cuenta que yo también paso por un mal momento? Asimismo, yo, te podría catalogar de “insensible” o “imprudente” por no responder aunque sea con una palabra a mi declaración de amor y, desatada mi furia, reclamar por una excusa de ¿Dónde quedó esa llamada que dijiste me harías al día siguiente? Que sigo esperando hasta el día de hoy.


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Escrito el 1ero de Abril del año 2010, nada nuevo.

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