Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta avance. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta avance. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de abril de 2012

¡Los invito a debatir!


     Desarrollen sus propias ideas, vayan más allá del comentario colectivo, de adoptar el pensamiento prefabricado por alguien más, de dejarle el trabajo de pensar a alguien más. Cuestiónense y cuestionen antes de adoptar una concepción ajena. 
     Discutan y planteen sus puntos de vista, evalúen los argumentos de la parte contraria y pregunten el por qué de cada uno, descarten las falacias, contradicciones, ataques al oponente y todos aquellos que se autoinvaliden.
     Si algo no les parece bien, coméntenlo, háblenlo, discútanlo, pero por sobre todo, intenten encontrar una posible solución o el grano de arena que puedan aportar a la situación.
     RECUERDEN QUE: tener distintos puntos de vista, NO nos hace enemigos, y debatirlos nos llena de cultura y nos abre la mente. Tampoco teman a cambiar de pensamiento, que no les digan que 'se están dando vuelta la chaqueta', que la mente es libre y nuestras ideas también maduran. Saber darse cuenta de nuestros errores y admitir otras perspectivas es un trabajo costoso, pero si acertamos, muy valioso.
     Las personas que en medio de un debate se dan por vencidos y 'allá tú con lo que pienses'+descalificativos, no son personas interesantes.
     ¿Cuándo fue la última vez en que te quedaste sin argumentos frente a alguien en un debate? Guarda ese momento, hasta que la sociedad en general vuelva a perderle el miedo a la crítica y a ser criticados, no son momentos comunes.


sábado, 28 de agosto de 2010

Prueba de avance


Despierto abriendo mis ojos con lentitud y pesadez, el cansancio se ha apoderado de mí estas últimas semanas. Un día más, un día menos. Es diferente, porque no suelo despertarme temprano los sábados, pero el colegio me ha obligado a hacerlo para rendir una prueba a nivel de generación. Camino hasta el baño, recargo mi torso apoyando mis brazos en el lavamanos, y miro, un tanto encandilada por la luz, mi reflejo en el espejo. Pienso unos minutos si ducharme o no. Lo hice antes de acostarme, estoy limpia y no quiero gastar más agua, pero necesito refrescarme para que de verdad sea un nuevo día. Finalmente me decido por una ducha corta. Me seco y me dirijo hacia mi habitación. Tomo las primeras prendas que encuentro que además combinen un poco y me las pongo. Bajo las escaleras todavía un tanto somnolienta y me siento en la mesa del comedor. Miro mi individual y ahí está, como cada mañana, la pastilla de la que dependo para no convertirme en un monstruo. Los mismos ingredientes en cada pastilla que he tenido que cambiar a lo largo de los años debido a que mi organismo se va haciendo inmune. Aquella misma pastilla que me recuerda cada día que sufro de una enfermedad, invisible a la vista cuando estoy normal, pero abominable cuando se manifiesta. Ovalada, rosada y de tamaño regular, se ve tan insignificante, pero aún así sin ella no soy nada. La ingiero rápidamente con un sorbo de jugo, sigue el plato de avena. Lo observo asqueada por un par de segundos y maquinalmente me levanto y lo boto a la basura en una bolsa para que no me vayan a pillar de nuevo y me reten por “evadir” algunas comidas importantes. Subiendo por la escalera, me devuelvo a mi habitación que permanece con las cortinas cerradas y en una tenue azulosa oscuridad. Me siento en el borde de la cama. Estoy en modo auto-pilot, como apagada, no sé qué me sucede. Y como un tren, con rapidez y brutalidad, me arroya lo que no había considerado de hoy, hasta ahora. Hoy es el día en que se supone que tu colegio va al mío a rendir las pruebas, las mismas que el mío. Pienso que hoy podría verte, luego de largo tiempo sin hacerlo. Me levanto de golpe, me mareo. Me desvisto y comienzo a buscar otra ropa que ponerme, algo lindo, algo sencillo, algo que te agrade. Me cambio y voy al espejo, me miro. Me lavo la cara, me seco, me aplico crema y me maquillo. Me miro de nuevo. ¡Soy tan estúpida! Una estúpida que se ve bien en este momento, pero estúpida al fin y al cabo. ¿No se supone que ya te había olvidado? Estoy segura de haber comprendido que esto no puede ser por el momento, pero tengo claro asimismo que eres de aquellas personas que se recuerdan para siempre. Y a lo largo de mi vida puedo contar con una mano los chicos que me han hecho sentir bien conmigo misma y se me es muy fácil volverme a sentir así, que vuelvan a atraerme. Estoy debatiendo en voz baja en contra mío. Yo y mi interior quedamos en el acuerdo de que nos hemos vestido bien para ti, pero no por ti, sino por nosotras. Es difícil de comprender, soy difícil de comprender, me cuesta comprenderme, no estoy segura si lo estoy haciendo en este momento. Salgo apresurada de mi casa y me subo al auto. Mientras voy por la costanera miro el océano que me recibe azul y furioso, espumoso y profundo. Llego dos minutos antes de que suene el timbre, me busco en la lista de las salas. Me toca la 43. No te he visto hasta ahora y suspiro esperando no hacerlo. Rindo avance de lenguaje, me va bien y reviso varias veces la prueba para hacer más tiempo, de esa forma tendré menos de recreo y el tiempo de espera para verte o no hacerlo, se reduce. Me llaman mis amigos del otro lado del patio y camino a través de él con la mirada apuntando hacia el centro de la tierra. No quisiera toparme contigo y tener que besar tu mejilla, porque es un suplicio. Un eterno sufrimiento de 1,5 segundos que dura y duele, no creo que sea necesario explicar el porqué. Me siento a conversar, me levanto, me vuelto a sentar y finalmente prefiero estar parada. Busco excusas interiores para recorrer el sector con la vista, ansiando contradictoriamente encontrarse con la tuya. Hay poca gente, luego bastante, y aunque hubiese un centenar yo sabría cómo reconocer tu cabeza entre todas ellas. Te reconocería, a ti y a tu esencia de forma involuntario incluso, porque sería como siempre tu todo que me llama. Mi amiga me mira con su mirada, inconfundiblemente comprensiva que aunque conozco hace poco tiempo, siento cómo atraviesa mi alma y me pregunta por ti, si te he visto. Me exalté al escucharlo, tu nombre. Mucho tiempo sin escucharlo salir de la boca de alguien, yo jamás lo digo en voz alta, me asusta. Se contrae mi cuerpo, respondo que no y hago un gesto de que poco me importase si te viera. No sé si estoy mintiendo, no tengo la certeza. Toca el timbre y me voy rendir la de avance matemático. Me quedo pegada en la pregunta dos, luego en la 5 y posteriormente en la 7. Cuando voy en la número 19, dos chicos se levantan y entregan las suyas con una sonrisa de superioridad. Me desespero e intento concentrarme en el papel en frente de mí, bajo mis manos, mi lápiz y mi goma. Se me pasa por la cabeza que quizá es que mi subconsciente piensa en ti, y no me doy cuenta pero me intento auto convencer de que no es eso sino que nunca he sido buena en matemáticas. Finalmente me auto convenzo y termino la prueba de las últimas. Salgo de la sala y vuelvo a ver a mis amigos, sigo conversando y riendo, mientras miro a mí alrededor, cada vez con menos frecuencia. Me he rendido en la tarea de encontrarte, me he rendido en tratar de encontrarte siempre. Vamos saliendo del colegio y tengo una pequeña rencilla con una compañera, estaba algo enojada y como dinamita de pita corta, encendí enseguida. Me noté alterada asique disminuí revoluciones y seguí normal. ¿Irritable yo? Me llama mi padre, me está esperando. Me despido de todos subo al auto y doy por terminado este día, siendo aún las 12.30 y todavía quedan 11 horas con 30 minutos para que sea un agradable domingo.

Es extraño, me siento atada a mí misma.