Powered By Blogger
Mostrando entradas con la etiqueta diferente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta diferente. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de octubre de 2010

Locomoción colectiva

Con un sol de verano que se muestra pero nada abriga, esperé pacientemente a que pasara un colectivo con cupo para poder finalmente ir a mi casa a descansar. Tuve que esperar un poco más tiempo del que suelo esperar puesto que era la hora pick y yo había salido más tarde porque estaba rindiendo una prueba. Detuve un 116 y me subí. Dos cuadras más adelante se bajó del vehículo el señor que estaba al lado mío y quedé sola en los asientos de atrás. Frente a la estación de buses, alguien ha abierto la puerta en donde estaba la ventana por la cual yo miraba, y se asoma un chico normal, con rasgos normales y acento normal, preguntando si llegaba hasta cierto lugar al norte de la ciudad. El conductor respondió que sí y se bajó para abrirle el maletero y que guardara su maleta. Se sentó atrás, conmigo. Fue tan gentil en su manera de expresarse que me llamó la atención, aquello y su dulce tono de voz.
     Mucho más lejos y varias cuadras más, se sube otra persona, otra vida, otro ente, otro cuerpo, así que te corriste y quedamos brazo con brazo, pierna con pierna. Agradezco que la señora que se subió fuera rellena pues quedamos bien pegados. Sentí tu perfume, cálido y cautivador. El calor de tu cuerpo, muy reconfortante en aquel ambiente tan frío. Sentí cada músculo de tu brazo moverse cuando sacaste un celular de la pequeña mochila negra que llevabas. Se calló un lápiz de un bolsillo lateral, quisiste recogerlo pero era casi imposible pues la señora de rojo ocupaba mucho espacio, y estaba dormida así que no se movía. Me agaché y lo recogí, me reí y te reíste de vuelta algo nervioso. Seguí mirando por la ventana y tú disimulabas hacer lo mismo, pero mirabas otra cosa, a mí, mi cabello, mi cuello descubierto. Te quedé mirando por el espejo retrovisor y notaste que te había pillado, desviaste la vista rápidamente, esta vez no hubo risas.
     Se despierta y se baja la mujer de rojo, y sin ninguna prisa, tomas tus cosas para correrte y ocupar el espacio ahora vacío. Cerré mis ojos y deseé que no lo hicieras, pero lo hiciste de todas formas. Debes haber pensado que quería mi espacio, cuando era todo lo contrario. Cuando tu cuerpo se alejó del mío sentí un frío entremedio. Ya no te volví a mirar hasta el final del viaje. Dije “me deja en la siguiente entrada” y el colectivo se detuvo. Abriste la puerta, levantaste tu mochila y te bajaste. Luego yo bajé, y mirando hacia el suelo dije gracias. Has dicho “de nada” con esa dulce voz que no volveré a escuchar. Subiste al vehículo. Caminé unos pasos y volteé, me mirabas. Cuando mis ojos se cruzaron con los tuyos, tus cejas se arquearon  como entre sorpresa, despedida y pena ¿En qué habrás estado pensando? ¿Tendrás problemas muy graves? Tus ojos eso dicen.
     Sonreí, una sonrisa de hasta nunca y vi cómo el auto se alejó y lo perdí de vista. Una sonrisa, de hasta nunca...

lunes, 12 de abril de 2010

Debimos haber actuado de distinta manera



¿Por qué siempre debemos alejarnos para unirnos más? ¿Por qué debo odiarte para luego amarte profundamente? ¿Por qué no podemos amarnos simultáneamente?

Siempre será así, mientras yo te quiera tú no estarás allí para mí y cuando pienso que estoy lista para dar el siguiente paso (en un camino aparte), decido quedarme en el mismo lugar porque tú decides volver por mi y recuperar esto, hacer renacer de las cenizas, como un fénix, este amor, y viceversa. Y no me molesta… ¿O sí? A veces deseo estar contigo definitivamente y probarnos para saber cuánto de juego y cuánto de real esto tiene. Saber ¿Qué es o lo que qué sería compartir los buenos y malos momentos juntos? Tener tu hombro para llorar y tus labios para besar.

Muchas veces desearía que fuésemos mudos y mancos, suena tan extraño lo sé, pero es que nos sobran las palabras que hablamos y escribimos, que nos hacen daño, siendo que nuestros ojos han hablado claro todo este tiempo. Ni tus ojos ni los míos saben mentir, no los domestiquemos para hacerlo. Dejemos que se entiendan y en tres segundos decidan qué deben hacer nuestros cuerpos.

Eres aún el recuerdo que más cito en mis días de melancolía y a la vez el sueño que más añoro se haga realidad. Volvamos en el tiempo cuando nos quisimos los dos al mismo tiempo pero esta vez uno de nosotros debe dar el paso que no dimos.
Digamos lo que debimos haber dicho mucho más claramente. Besemos esta vez a las personas correctas (es decir tú a mí y yo a ti). Evitemos ahora utilizar a dos seres ajenos a esta unión que tenemos, no los dañemos innecesaria e involuntariamente a la vez porque no los necesitábamos para hacernos saber cuánto nos queríamos. Cuánto nos arrepentimos de todo lo que hicimos, y lo que no, en su momento, pero eso nos hace lo que somos.

¿Cómo sería si hubiésemos hecho “lo correcto”? ¿Seguiríamos juntos para esta fecha? ¿Nos seguiríamos queriéndonos con las mismas fuerzas? ¿Mucho más o mucho menos?

Creo que no podremos saber qué sería de nosotros en este momento con decisiones diferentes a las tomadas. Pero hagámonos cargo de este presente y así sea tenga que hablar muy lento, pensaré muy bien todo para no cometer errores o al menos intentar no hacerlo.

Creo seguirte queriendo, no estoy segura, espero sepas leer mis ojos cuando nos veamos y besarme o no según lo que veas.

Nao Elgueta*
Fotografía de mi viaje en septiembre del año 2009 a la Laguna San Rafael, XI Región de Aisén, Chile. (click en la fotografía para ver en tamaño real)