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domingo, 3 de julio de 2011

Reincidencias


       
          Cuando la misma persona nos repite una y otra vez la misma pregunta o historia en cada ocasión en que la vemos o hablamos con ella, lo primero que pensamos es “¿Acaso no tiene otro tema del cual hablarme?” Pero este actuar tiene un significado, un trasfondo y justificación bastante simple, el extrañar. La falta de cercanía, pero las ganas de tenerla.
          Pongámonos en el lugar de alguien que extrañe a su amiga desde hace años y quiera meterle conversación, todo comienza con un “Hola, ¿cómo estás?”, luego intercambian un par de palabras y se saca a flote un recuerdo de cuando eran pequeñas, funciona, ambas se ríen. Si durante esa conversación no acontece algún tema relevante, será algo frustrante. Para el siguiente encuentro seguirán sólo los recuerdos del pasado y una que otra pregunta del tipo “¿Y qué pasó con aquella tendinitis que te aquejaba hace unos días?”, y es entonces cuando se vuelve a develar el mismo recuerdo de infancia que posteriormente resultó para generar una cercanía y un par de carcajadas, puede que vuelva a resultar una, dos, tres o muchas veces, quizás para siempre, pero cada vez las risas serán menos sinceras, y no significa que no se valore el recuerdo, o la persona, sino que ya estás cansado de reírte de la misma reminiscencia una y otra vez.
            Puede ser inseguridad la que no permite preguntar otras cosas porque no se sabe qué grado de confianza se puede alcanzar. Puede ser torpeza generada por la inclusión de sentimientos, que como ya se sabe, deja sin palabras hasta al más elocuente. Pueden ser un montón de razones diferentes, o un montón en un solo caso.
            Yo analizo cuando me sucede o le sucede a personas conmigo (no hay que ser tan cruel sin previo análisis) y hay muchas veces en que es verdaderamente odioso como en otras es verdaderamente tierno.


domingo, 20 de febrero de 2011

Da la cara, por favor.


             Por favor deja de evadirme. Te entregué la carta más fuerte que he escrito en toda mi vida, la más llena de sentimientos y honesta carta de toda mi vida, exactamente hace una semana atrás y tú quedas como si nada, no me hablas, no me llamas, nada! No te pido que me escribas una de vuelta, no es eso, sino que te pido me des una respuesta, es decir, si quieres darme una oportunidad y que aquella carta sirvió de algo, que algo movió en tu corazón o que simplemente no te provocó ningún sentimiento y no quieres arriesgarte a probar “que tal si…” . Si es la segunda: quedamos bien, deberás darme un tiempo obviamente para pensar y recapacitar, olvidar, pero luego quizás podamos ser amigos porque contigo soy yo y te tengo confianza, y de aquí a encontrar a otra persona con la que forme una conexión así, tardaré bastante.
             No te pregunto ahora mismo porque acabas de terminar con tu novia y quizás estás más sentimental y volátil que de costumbre así que quizás hasta te enojes conmigo por ser tan “insensible” o “imprudente” por preguntártelo y pensar en mí y no en ti que pasas por un mal momento y si llegara a desatarse tu ira, incluso, podrías herirme con palabras como dagas que no se piensan antes de lanzar. Pero yo (sin atacarte) te pregunto: ¿No te das cuenta que yo también paso por un mal momento? Asimismo, yo, te podría catalogar de “insensible” o “imprudente” por no responder aunque sea con una palabra a mi declaración de amor y, desatada mi furia, reclamar por una excusa de ¿Dónde quedó esa llamada que dijiste me harías al día siguiente? Que sigo esperando hasta el día de hoy.


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Escrito el 1ero de Abril del año 2010, nada nuevo.

domingo, 13 de febrero de 2011

Soy siempre la que huye.


Soy tan predecible cuando del amor se trata. Siempre huyo, siempre evado. Cuando debo jugármela por aquel que quiero lo hago con todo lo que pueda pero siempre con respeto hacia la persona y respetando cada límite, pero cuando se dan las cosas me acobardo y me pierdo entre excusas ¿A qué le tengo miedo? He pensado que quizás sea miedo al compromiso, estar con alguien, sentir que me quitan libertad. O quizás es porque mis padres son divorciados y en mi inconsciente pienso que cualquier relación mía terminará de la misma forma, desastre, llanto, dolor, etc. 

Desde pequeña he querido tener una relación estable con alguien, sentir muchas mariposas y ser feliz. Cegarme por amor a mi pareja, seguirla a donde vaya, tenerla en mi mente y que a su vez me tenga en la suya. Realmente cuando lo pienso así, oníricamente, no me importaría que fuese destructiva o me alejara de la gente que quiero, es egoísta lo sé, pero quiero que por una vez al menos alguien me haga sentir como si no hubiese nada más en el mundo. Tener a quién dedicarle tanto amor, tanto poema que tengo para escribir, alguien reciba los textos que escribo y dedicarle toda mi cursilería y que sea bien recibida. Unos labios que sean sólo míos, un cabello para acariciar, son otros rincones para recorrer, otro cuerpo completo, entero para mí.

Cuando me invitan a salir siempre hayo la excusa para no asistir: no me dejaron ir, no ando con celular, no tengo transporte, se enfermó una amiga, tengo una cena familiar. Por algo dicen que “el que busca, encuentra”, si busco excusas lo más probable es que encuentre millones para decirle a la persona y justificar mi inasistencia o la completa cancelación de la salida.

Me pregunto si, ¿Algún día vendrá alguien a quien quiera tanto que pierda cualquier inhibición y así pueda superar este miedo aún un tanto inexplicable o esto depende 100% de mí? Sea como sea, estoy abierta a nuevas posibilidades y trataré de no ser cerrada en cuanto a las salidas y los desconocidos en especial  porque por el momento en mi círculo cercano no existe alguien que me atraiga.

martes, 8 de febrero de 2011

La miel del panal amarillo.


     Incluso si tus labios no son dulces, yo los veo como caramelos. Yo te descubrí hace años atrás. Recuerdas el lugar, el evento, pero no recordarás a este ser que te observó desde el tercer piso. Puedes recordar la adrenalina que corría por tu sangre al presentarte por primera vez pero no puedes recordar los rostros que te apreciaban porque eran un montón. Se encendió una duda, una incertidumbre hecha sentimiento. Todavía no comprendo cómo es que pudiste abrir en una mente un camino jamás planeado, ahora pavimentado de deseo por tus ojos. Has cambiado, he cambiado, pero debo dejar en claro que yo supe tu orientación incluso antes de que tú supieras qué te depararía algún día el destino. ¿O es que lo sabías tú también? Si yo descubrí  el panal antes que aquella persona que te acompaña hoy... ¿no debería ser yo la que se estuviese nutriendo de tu miel?

     Camino y pensamiento absurdo, el  andar pausado del sentimiento que crece. No creas tampoco que te quiero, menos aún que te amo. Pero el deseo es cegador al igual que los otros dos factores. Hay mezclas fatales como la marihuana y el alcohol pero hay mezclas aún peores, que no te matan, no, sino que envenenan tu alma de fantasías extrañas que ni siquiera estás segura de querer realizar, tus ojos y tus labios, ten cuidado de cómo los usas. Temo la proximidad porque tengo problemas de control a distancia, no imagino mi brazo rozando el tuyo.

     El peligro inminente, el miedo a enfrentar la verdad, el pavor a la respuesta de la masa, es algo que me hubiese gustado haber compartido contigo, pero soy muy cobarde, probablemente te me hubieses adelantado de todas formas. Confieso que no tengo su cabello de fuego, pero tengo el carácter. Tengo las ganas, me faltan las oportunidades.

     Huelga de hambre en mí cada vez que te veo y me rehúso a alimentarme de algo que no sean tus labios. Lo sé, lo sé, ya los he nombrado bastantes veces ya como para aburrir a quien lea esto, pero quien lee esto y se aburre de leer “tus labios” es porque jamás los ha visto. Yo sólo buscaba ahondar en la mirada profunda que un día se dirigió directamente hacia mi pupila, pero me pierdo en el camino de vuelta a la realidad cada vez que exploro en ellos. Tus gestos inocentes dentro de tu actitud poderosa, dentro de la brutalidad. Excitante brutalidad y místico grito de tu alma, sale con fuerza y un ritmo, pautado pero vanguardista. El foco que te alumbra cada vez que demuestras para lo que naciste te hace ver aún más deseable, es lo que siempre quise, MI SUEÑO lo cumples TÚ y es admirable que lo hagas con gusto y pasión.

     ¡Se de mi propiedad! Sabría cuidarte entre caricias, besos y celos. Entre encuentros, ausencias y mi apoyo. Entre sábanas, césped y asientos. Ayúdame a no tenerle miedo al mundo. Edúcame con tu valentía, toma de mi mano y hazme notar que lo que opina el resto es sólo basura y lo único importante es la persona que sujeta tu mano. Toma mi brazo y levántame de la esquina oscura de la auto-omisión, has que brille bajo el haz radiante de tus ojos que me indicarán que está bien ser quien soy, siempre. Despeja de mi mente cualquier rastro de inseguridad, que no costará mucho ya que al tenerte, aceptarte y gritar al viento, la libertad será bien vista.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Por segunda vez III

     Miedo, tengo mucho mucho de ese sentimiento guardado dentro de mí en este momento. No puedo siquiera asimilar que me encuentro en esta situación. Jamás en mi vida consideré siquiera repetir de curso. Pero hoy esto se acerca como una realidad probable y amenazante. Tengo mil excusas para “justificarme” como que se divorciaron mis padres, me separaron de mi hermano, se murió mi abuela paterna, perdí al hombre que más he querido en esta vida, me alejé de mis mejores amigas, me han ofendido, herido, y decepcionado mucho este año, mi abuela materna la internaron de urgencia en el hospital. Pero ninguna es suficiente para justificarme ante mí misma.
     Soy terca pero no tonta. Puedo ver y tengo claro, todo el lado ‘bueno’ del asunto; subir mi promedio, mi NEM, madurar lo que no he madurado, aprender de verdad la materia. Y todo aquello que los repitentes reiteran una y otra vez para consolarse a sí mismos. Pero todo eso junto, no le hace peso en la balanza al sentimiento de vergüenza y decepción. Vergüenza de mí misma de lo que soy y lo que no alcancé a ser, porque si no tengo buenas notas es por floja, despreocupada, y carente de fuerza de voluntad, todo depende de mí pero me cuesta controlarlo de todas formas. Y aquella decepción que generaré en mi familia, y con familia me refiero a mi padre. La cara que pondrá cuando sepa que (si es que sucede) repito de curso. Él, que tiene un hijo egresado de la carrera de Kinesiología con el mejor promedio de toda la generación y un diploma al mejor compañero, una mezcla perfecta, y el otro hijo, estudiando Medicina en la ciudad y universidad que quiere. Sé que es malo compararse con los demás pero yo los llamo modelos a seguir, una especie de musas. Una amiga me dijo que no llegaría a ningún lado si me preocupaba de lo que los demás pensaran de mi “error” porque cuando me halle tirada en el suelo, aunque quieran, no podrán recogerme, que soy sólo yo y mi opinión sobre mí misma lo que importa. Pero ¿cómo puedo ser tan egoísta? Es decir, sí estoy consciente de lo que quiero y de lo que pienso de mí al reprobar, porque es sobre todo lo que destaca, mis sentimientos sobre mí misma. Pero pase lo que pase, nunca me hundiré sola. A mi familia y amigos no les dará lo mismo, se limitarán al hablar de ciertos temas frente a mí. Sé que la vida sigue, que el mundo no se acaba aquí, sé que puedo subir mis notas, pero no me siento preparada para afrontar otro golpe de la vida, menos uno así.
     Es un año... 365 días, 12 meses de retraso. ¡UN AÑO ES DEMASIADO TIEMPO! Nunca me imaginé graduándome un año después, viendo materia un año después, dando la PSU un año después, estando con compañeros un año menores, entrando a la Universidad un año más tarde. Diciéndole a mis tíos y primos que sí, que yo estaba el año pasado en III° medio, pero que éste año igual. Sonriendo incómodamente cuando me pregunten por qué pasó, porque la respuesta es demasiado larga e íntima.
     Y no voy a prometerle a las estrellas y al cielo que si me ayudan a pasar de curso yo voy a estudiar más, ser mejor estudiante, disciplinada, responsable, porque no quiero seguir sumando derrotas a mi lista, o quizás sí lo haga. Ni siquiera saber que tuve consecutivos bloqueos emocionales pueden consolarme de que no fue tanto mi culpa sino de la situación en la que fui puesta.



sábado, 13 de noviembre de 2010

Paulina

     Entramos a la clase y estaban ocupados casi todos los asientos así que me senté detrás de ella, en la parte trasera de la sala. El profesor salió del aula a buscar unos papeles y se demoró toda la clase, es decir, jamás volvió hasta que salimos a descanso y llegó a despedirse pidiendo fingidas disculpas. Yo no había hablado con ella muchas veces a pesar de que vamos en el mismo curso desde hace ocho meses. Se dio vuelta y comenzamos a hablar tímidamente. Ella me enseñaba a hacer unos ejercicios de Trigonometría y siempre he sido de cabeza dura asique tuvo que repetirme varias veces y con mucha paciencia cada paso. Yo trataba de bromear pero ella me detenía y me decía que me concentrara o perdería el hilo. Me sentí un tanto ofendida al principio pero luego comprendí que buscaba ayudarme. Luego de ya entendidos los ejercicios me sentí libre de bromear tranquila mientras los realizaba, y ella se reía a carcajadas, tímidas, pero carcajadas al fin y al cabo. De repente se me cae el estuche y Paulina lo recoge diciendo:

-Se te caen mucho las cosas, eres despistada.

-¿Enserio? Pero si me acaba de caer, es porque lo empujé con el codo- respondí 
desconcertada.

Y ella me hace notar que durante el transcurso de la clase se me habían caído: 2 veces el estuche, 3 veces el lapicero y una vez la calculadora. Ni siquiera me había dado cuenta y eso que yo misma los había recogido del piso. No recuerdo la última vez que hablé con alguien que notara un detalle pequeño como aquel, siempre soy yo. Me sorprendió su capacidad de observación y que estuviera concentrada en la conversación que teníamos. Luego de pasados casi todos los minutos de la clase y muchas risas y palabras después, se produce un silencio que duró alrededor de 30 segundos y ella murmulla:

-Me caes bien- acompañado de una amplia sonrisa, pero sin mostrar los dientes.

     Lo dijo mirándome a los ojos y se veía a través de ellos una enorme sinceridad. Me sentí completamente halagada por lo que dijo y cómo lo dijo y le respondí que ella también me caía muy bien y aunque intenté, sé que mis ojos no pudieron imitar la sinceridad tan verdadera que ella me había mostrado, pero lo dije enserio. Fue una agradable conversación, pero no creo que se repita.